jueves, 17 de septiembre de 2020

LAS MARCAS DEL CARBÓN (Reseña)


                                                      

RESEÑA

LAS MARCAS DEL CARBÓN  de Consolación González Rico.

Las Marcas del Carbón (2020) es una excelente novela de la experimentada y galardonada novelista, Consolación González Rico. Escribir bien es una de las actividades más difíciles del ser humano, según Wilga Rivers (Profesora emérita de la Universidad de Harvard) y si a eso añadimos escribir en el S. XXI, utilizando un lenguaje literario del S. XIX es una auténtica heroicidad. Aparte de esa aportación lingüística de la época, entiendo que es una relevante novela antropológica que nos descubre las costumbre, la forma de vivir y  sobrevivir de los bandoleros y su gente en ese micro-mundo de los habitantes de los Montes y Valles Oretanos (Toledo).

No puedo dejar de subrayar que en el proceso de la lectura, he apreciado que sus personajes, anécdotas, vivencias están impregnadas de un lenguaje y tono cervantino; que he agradecido. Asimismo, he advertido connotaciones técnicas y estéticas narrativas que me han hecho recordar también a los célebres escritores: W. Faulkner y G. G. Márquez no solo por sus vaivenes (flashbacks) narrativos, sino al apreciar que la novela se desarrolla dentro de un lugar concreto: Los Montes Oretanos. Esta misma particularidad la podemos apreciar en los dos autores mencionados: uno en el sureño estado de Misisipi y G.G. Márquez en Macondo (lugar idealizado). Se dice que las comparaciones son odiosas, pero Camilo José Cela cuando lo comparaban con Faulkner decía: “Benditas comparaciones”.

La historia de la novela refleja la vida de Federico; un personaje que nace de una relación entre un bandolero de la sierra y una chica inquieta de un pueblo y “aterriza” en un mundo hostil que para él se convierte en la normalidad. A lo largo de la novela, Federico al igual que los personajes de Faulkner va dejando fluir sus sentimientos y nos describe las vicisitudes de sus matrimonios, hijos, su abuela, Teodora, y unas estimables reflexiones sobre el comportamiento humano.

En definitiva, me gustaría agradecerle a Consolación la posibilidad que me ha brindado, LAS MARCAS DEL CARBÓN, de disfrutar y respirar el ambiente de una época a través de los recuerdos y aventuras de Federico.  Muchas gracias Consolación y mucha suerte.

Nicolás Estévez Fuertes

Profesor T.U. de Valencia (Jubilado)

Valencia 15 de septiembre 2020


LAS MARCAS DEL CARBÓN, MI SÉPTIMA NOVELA (Vídeo presentación)




      Un viaje al siglo XIX, un hombre que huye de “sus tres vidas”, una trama con las revueltas carlistas como marco histórico y los Montes de Toledo como enclave geográfico.

      Debido a la situación sanitaria que estamos viviendo, no me ha sido posible aún presentar "Las marcas del carbón" en la Biblioteca Regional, ni en la Biblioteca Santa María de Benquerencia de mi barrio de Toledo, ni en las Bibliotecas municipales, rodeada de mis lectoras y lectores, como venía haciendo con mis novelas anteriores... Ni en el Valle del Gévalo y pueblos donde se desarrolla la trama... 

      Los tiempos marcan ahora nuevos caminos, por eso quiero dejar aquí este vídeo, breve en duración, donde la palabra y las imágenes van trazando las claves de la historia, humana y dura, de Federico, un hombre a quien la existencia marcó antes de que se asomara al mundo.

       ¡Muchas gracias!

               Consolación González Rico

 

 


NUEVO LIBRO EN TIEMPOS DE PANDEMIA


"Si hace un año me hubieran anticipado el futuro, con una imagen mía embozada hasta los ojos presentando un libro, hubiera pensado que se trataba de un delirio, de un mal sueño tan extraño como inexplicable".

Pero aquí estoy, en tiempos de Coronavirus, respondiendo a las preguntas de Mar G. Illán, directora de encastillalamancha.es, sobre mi séptima novela, "Las marcas del carbón", publicada por
Jesús Muñoz Romero
(Editorial Ledoria).
Y en mis respuestas, las claves de este trabajo que completa la trilogía Doscientos años de historia; mi empeño en presentar a mis lectores, a través de las redes, el contenido de la trama, lo que ha significado para mí el confinamiento, el poder del ser humano para enfrentarse a la adversidad.
Gracias a
Mar G. Illán
y
Rebeca Arango
, por esta ventana a la que me invitaron a asomarme.
Consolación González Rico

miércoles, 23 de enero de 2019

BUSCANDO UN SUEÑO



"Detrás del muro", el documental que anoche se estrenó en La Sexta, me lleva a pensar en el constante caminar del ser humano hacia ese lugar donde se halla el sueño de paz y pan, de solidaridad y de justicia, para muchos, tan solo palabras vacías de realidad.

Da igual si los hierros que dividen mundos separan México de Estados Unidos, África u Oriente medio de Europa; si el motivo del éxodo desesperado es el hambre o la guerra. Lo cierto es que en el corazón de los que buscan, habita esa ilusión que tantas veces se queda en el camino, y que, con cada tropiezo, se va trocando en desesperanza, en triste convicción de que se alarga el trayecto hacia la tierra imaginada, hacia el paraíso del bienestar y la abundancia. 

Testimonios de quienes hicieron el intento de alcanzar el muro desde Guatemala y México, nos hablan de asaltos a las escasas monedas que guardaron en los bolsillos para la travesía; de abusos perpetrados contra niñas que se convierten en madres; del desencanto y del miedo, de vidas que en ocasiones se pierden por el camino; de la desesperanza que obliga a abandonar el sueño y a desandar lo andado. De la pérdida de la fe que un día, desafiando temores y peligros, los empujó hacia la negrura de lo incierto. 
Porque cuando el sueño se apaga, y el desaliento hace nido en el corazón, muere el deseo de seguir intentándolo.
Porque, como confesaba un muchacho que hablaba con la madurez de un anciano, “es fácil curarse los moretones del cuerpo, pero no las dolencias del alma”. 

Y ante la crudeza de esta realidad, que podríamos hacerla extensible a otras geografías y contextos, yo me pregunto:
Cuándo este mundo de hielo, esta conciencia nuestra, endurecida con las imágenes que nos sirven cada día en el sillón desde la pantalla fría de la noticia, será capaz de entender que esta tierra grande alberga riqueza suficiente para que en ella broten la justicia y la paz.

Consolación González Rico

miércoles, 2 de enero de 2019

Sueños de pan y abrigo...



          Que el mar no siga siendo 
          despiadado sepulcro 
          de quienes buscan 
          horizontes de justicia.
          Que las olas no devoren
          sueños de pan y abrigo, 
          de brazos abiertos,
          de alambradas 
          convertidas en flores
          para acoger 
          al hermano que llega.

          Que el cordón umbilical
          de la vida 
          no se estrangule 
          en sus abismos negros, 
          que no cieguen sus aguas 
          los ojos inocentes, 
          privados para siempre de la luz,
          de la tibia dulzura
          del pecho de una madre...

          Que antes de armar 
          las manos que disparan
          en las guerras ajenas
          a los hijos de otros,
          antes de destruir 
          sus juegos y sus risas,
          pensemos en los nuestros...

          Que abramos otras sendas,
          más allá de valores materiales,
          por las que caminemos 
          de la mano
          por esta tierra grande,
          en la que todos, 
          sin mirar condiciones 
          ni colores, 
          geografías ni credos,
          seamos al fin capaces
          de caminar en paz.

                Consolación González Rico


viernes, 12 de octubre de 2018

EN LA DESPENSA DEL CORAZÓN…


   

     Hay encuentros que trascienden lo literario, que se adentran en esas parcelas del recuerdo donde habitan las emociones.

   El día 28 de septiembre regresé a Villasequilla con un libro en la mano, y no precisamente de Francés: "La vida que perdimos", mi última novela publicada.
   Ana Goméz-Chacón había cuidado todos los detalles, en la mesa, Elena Fernández, Ana Díaz Cuesta y Gloria Saiz me regalaron palabras llenas de cariño, y Clara, mi querida compañera, me hizo revivir momentos inolvidables.

    Y esa tarde sentí que el tiempo retrocedía, que retornaban aquellos años en los que estrenaba clases, y un alumnado adolescente con el que ahora volvía a reencontrarme.
    Alegría, emociones en desbandada, bromas, anécdotas que saltaban del pasado y que nos provocaban carcajadas espontáneas, fiel reflejo de la corriente que fluía de los afectos. 

   Allí estaban. En la biblioteca de Villasequilla. Los miraba, y sus rostros casi infantiles de aquel tiempo se superponían sobre sus perfiles de adultos, mientras yo trataba de hallar en sus rasgos las caras de antaño. Me decían su apellido (o su nombre), y mi mente activaba mi lengua a instancias de la memoria y completaba el resto. 
   A muchos no había vuelto a verlos. Con algunos me había encontrado alguna vez. A todos los recordaba con ese cariño que cincela huellas profundas en el alma.

   Deciros, queridos alumnos y alumnas, que el día 28 de septiembre vuestra presencia en la Biblioteca de Villasequilla, los abrazos, la alegría y las emociones que compartimos, fueron para mí el mejor regalo.

    Gracias también a quienes con vuestra compañía, cercana y cariñosa, me hicisteis viajar a aquellos años que se quedaron conmigo para siempre, bien guardados “en la despensa del corazón”, como diría Ricardo, el protagonista de “La vida que perdimos”.

    Consolación González Rico

domingo, 9 de septiembre de 2018

Y la historia cobró vida...




  Escribir una novela es una aventura: búsqueda, descubrimiento, aprendizaje, hallazgos, desafíos, escollos, paréntesis forzosos, torrentes que fluyen con fuerza... 
  Desde el título a cada uno de sus párrafos, guardan retazos del propio pensamiento y del propio sentir. 



  Presentar una novela es volver a dar vida a sus páginas. He de decir que cada vez que me enfrento a una presentación, me reencuentro con los personajes que he creado, con sus porqués, sus emociones, su lucha por ser de carne y hueso... Y es así, con esa humanidad, ficticia y real al mismo tiempo, con la que trato de mostrarlos a los lectores. Y esa misma vida, que quedó guardada en cada página durante la fase de construcción, resucita cada vez que tengo que explicar sus entresijos, algo que para mí se ha convertido en estos años en imprescindible y apasionante: he visitado decenas de clubes de lectura y cada tarde la he vivido con la misma intensidad.


  El día 5 de septiembre presenté La vida que perdimos en la localidad de Recas (Toledo), y esta historia de exilios, de vidas arrancadas de su suelo, de personas que hubieron de levantar su casa sobre cimientos que se removían, cobró realidad en un pueblo que sabe de éxodos, de acogimiento y de brazos abiertos a personas y culturas venidas de lejos.



  He dejado aquí algunos momentos, que una lectora capturó con su móvil, de una tarde literaria en la que volví a recorrer el camino transitado en La vida que perdimos, acompañada de quienes recorrieron conmigo los entresijos de esta historia.


                   Consolación González Rico


(Vídeos realizados por María Jesús Palomares)



martes, 21 de agosto de 2018

"La vida que perdimos", mi última novela. Vídeo-Presentación

En tres minutos, las claves de esta ficción histórica




En busca de la libertad (pág. 91)



      "Los recuerdos se encadenan, lo mismo que las horas, y el beso de despedida de Manuela le lleva a aquella noche de principios de otoño en la que embarcarían desde las Vascongadas con destino a la costa francesa. Nadie hablaba. Sus sombras se cubrían de oscuridad, tan espesa como la zozobra que aceleraba los latidos de su sangre. Caminaban temblorosos y tambaleantes, entre las ropas de abrigo y el sudor frío que las ceñía a sus cuerpos. Al amparo de la negrura, eran bultos de miedo sin rostro ni identidad. Las barcas de pescadores aguardaban atracadas al abrigo de los acantilados, no lejos del cabo de Higuer, y ellos descendían despacio, clavando los pies y las manos en las rocas para no despeñarse.
No era precisamente una noche de luna llena. Elegida a propósito para arropar la travesía desde Pasajes de San Juan a Fuenterrabía, en el cielo apuntaba una hoz blanca y afilada, que alumbraba lo justo para no perder de vista la hilera humana de quienes creían peregrinar hacia la libertad.
Ricardo recuerda la sensación confusa de dejarse arrastrar entre las piedras sin más sonido que el ruido de sus pasos”.

La vida que perdimos, 
Consolación González Rico
Premium Editorial, 2018 








domingo, 5 de agosto de 2018

"LA VIDA QUE PERDIMOS", UN HOMENAJE A LA MEMORIA (En Hoy por Hoy Cadena SER, las claves de la novela)



"Desde que mi padre nos habló del viaje a España, mi cabeza no paró de dar vueltas al asunto, y esa misma noche, mientras mi hermano Carlos dormía a pierna suelta, me acuerdo de que yo la pasé casi entera cavilando. Diez años eran mucho tiempo, y más en la vida de un joven como yo que por obligación tuvo que aprender a cerrar puertas, a meterse por otros caminos bien distintos a los que hubiera querido transitar, que si es verdad que el paso de los días me enseñó a mirar para otro lado, a lo primero tengo que reconocer que un día sí y otro también me tenía que sujetar el coraje, cada vez que la memoria se saltaba la barrera y me corneaba los ijares.
Por eso, cuando supe que mi hermano y yo íbamos a volver al pueblo de nuestra niñez, acudieron en tropel a mi cabeza el puente de piedra, las barrancas, las escuchas debajo de la cama de mi tía Inés, a ver si pillábamos noticias del frente al que marchó mi padre una mañana, sin que supiéramos si estaba vivo o muerto. Y volvieron también los recuerdos de aquella maldita noche en la que le escuchamos decirle a mi madre que había que salir a escape de una España en la que el miedo corría a sus anchas por las calles.
Y a mi imaginación acudió también el viaje que a los cuatro nos segó el futuro, y a mí, en particular, los sentires que ya apuntaban en mi corazón, y que tanto dolieron cuando la hoz del infortunio me los quiso cortar de cuajo.
Y ya, en toda la noche, no dejé de pensar en la clase de la señorita Aurora, en la palabra “coeducación”, que sin dejar de sonreír escribió ella bien grande en el encerado para que nos la aprendiéramos de carrerilla; en ese bendito acuerdo del gobierno de la República, que nos llevó a Manuela y a mí a compartir el pupitre de madera.
Manuela… ¿Qué habría sido de ella? Me desazonaba la idea de lo que en más de una década pudiera haberle deparado la vida; me preguntaba si su padre habría vuelto de la cárcel sano y salvo para remediar las penurias que en la huerta sufrían su madre y sus hermanos; si se habría casado y con quién. Diez años era mucho tiempo, pensaba yo entonces, y más en la vida de una mujer, cuyo destino en aquellos años del hambre no podía ser otro que asegurarse pan y techo.
Entre aquel torbellino de pensamientos, me acuerdo bien de que busqué por el hueco de la ventana el lucero más brillante de todos, y juré que no me vendría de España sin encontrar a Manuela. Que iría a la huerta, por si un milagro de la vida me la devolvía entre las calles de los almendros. Con la misma falda azul de vuelo y la misma blusa blanca llena de bodoques de la última tarde, la tarde de la despedida. Mirando el camino por el que me alejé con el corazón hecho trizas, encaramado en la bicicleta de mi padre que iba dando botes entre las piedras, en aquella fuga forzosa que me apartó de sus labios flamantes con regusto a fruta madura…"

           Consolación González Rico

(Fragmento de La vida que perdimos, Editorial Premium 2018)




miércoles, 20 de junio de 2018

"La vida que perdimos": imágenes de un feliz aguacero literario





   Ocurre a veces que los aconteceres nos imponen su ritmo; nos obligan a movernos como si un resorte activara nuestro motor físico y anímico.

   Así fue como llegó mi sexta novela "La vida que perdimos". Con ímpetu. Puso en marcha mis generadores de energía, y trajo consigo un aguacero, primaveral y literario, que durante cuarenta y tres días me ha mantenido en una espiral de locura: Toledo, Granada, Sevilla, Madrid, Torrecilla de la Jara, Polán, Pantoja...

   Un mes de emociones intensas, de presentaciones, firmas, trenes, horas de volante entre truenos y relámpagos... Y hasta alguna tromba de agua que me obligó estacionar en el arcén, camino de Polán, o a cobijarme bajo las frondas del Retiro Madrileño.
   Lo más valioso de esta trepidante experiencia, el contacto directo con los lectores, el disfrute de tantos momentos compartidos, guardados ya en ese rincón donde albergamos lo imborrable.

   Y como las imágenes son más elocuentes que las palabras, recojo aquí algunas instantáneas de la apretada y feliz agenda literaria, vivida en cada uno de sus minutos con las emociones a flor de piel.

   Gracias a quienes de una u otra forma habéis contribuido a este desbordamiento literario.


                                                                   Consolación González Rico



sábado, 9 de junio de 2018

EL MAGNETISMO DE LO DESCONOCIDO



Son tantas las pulsiones que me empujan a escribir, que sería largo detallarlas todas: reflexionar sobre el mundo que me rodea, denunciar lo que no me gusta, plantearme preguntas, buscar, descubrir, aprender, vivir mil vidas, tantas como puedan caber en las páginas de un libro.

Sin olvidar lo anterior, y después de haber escrito diez novelas, puedo decir que la literatura se ha convertido para mí en un reto, en un juego sin trabas, en un ejercicio de imaginación y pasión en el que me siento absolutamente libre; en un espacio sin límites donde puedo mimetizarme con los personajes, escaparme de mi realidad y bucear en mundos inexplorados.

Al hilo de esta reflexión, diré que alguna vez me preguntaron si mi literatura podía considerarse femenina. Mi respuesta fue clara: el hecho creador no tiene género.
Seguro que a nadie le extrañará que en el siglo XIX Gustave Flaubert diera vida a Madame Bovary, personaje femenino destructivo para sí mismo, pero a la vez impecable desde el punto de vista psicológico y literario. Esculpido con maestría desde la imaginación de un hombre, que indudablemente dejó en las páginas de la novela los latidos apasionados y confusos de Emma, sin que para ello le fuera preciso llevar dentro el corazón de una dama decimonónica.

Es verdad que, siendo mujer, me resulta fácil aproximarme a las historias con ojos de mujer. Es verdad que siento la necesidad de analizar el mundo femenino desde mi propia mirada, que escribo sobre los temas que me preocupan o me sangran, que trato de construir la igualdad desde las letras. Pero también es cierto que cuanto más me alejo de lo conocido, más intensamente experimento el proceso creador. Sin etiquetas ni connotaciones. Alimentado por la fascinación y el magnetismo que lo distante produce en mí.

Esta sensación he podido vivenciarla en la construcción de mis dos últimas novelas: "La calma de las arañas" y "La vida que perdimos".

En la primera, me adentro en el mundo carcelario, cuento la historia a través de tres voces en primera persona, tres presidiarios que han llegado a la privación de libertad por caminos diferentes: un estafador sin escrúpulos, ambicioso y manipulador; un chileno botado de la vida, víctima de la miseria y la homofobia; un muchacho de clase acomodada, con huellas profundas de una infancia cargada de obligaciones y falta de atención familiar. 



En la segunda, “La vida que perdimos”, me introduzco en la  memoria de un viejo artista español, exiliado a Francia con su familia en los albores de la posguerra. Buceo en su soledad, en los recuerdos que retornan en las largas noches de insomnio. Vivo con él el acabamiento de sus días, el paseo de su memoria por la vida que perdió; las añoranzas de un presente detenido, la ensoñación recurrente de un futuro que debió ser suyo.

Dos novelas protagonizadas por hombres, prisioneros unos, exiliados otros. Con escenarios como la cárcel, Santiago de Chile, la frontera francesa, la Francia ocupada por los alemanes, Poitiers…

Puedo asegurar que esta aventura (contar desde fuera, intentando sentir desde dentro), esta recreación tan dispar y compleja, me ha enseñado mucho y me ha regalado momentos sublimes.


Consolación González Rico








jueves, 8 de marzo de 2018

Día 8 de Marzo: Por ellas, esas mujeres sin voz


 

Aunque el calendario había entrado sobradamente en la estación húmeda, el agua se hacía esperar, y el cauce seco del río Senegal no permitía atender las necesidades mínimas de los escasos pobladores del valle. Riachuelos y pozos, que antaño abastecían la aldea, también se habían secado, y con el agua cada vez más lejos, las ocupaciones de las mujeres giraban en torno a la búsqueda del preciado líquido y su acarreo.
Oureye se dio cuenta de que la vida en aquel desierto nada tenía que ver con la que llevaban en Iwel. Allí sólo había que esperar a que las nubes oscuras se volcaran en la tierra para plantar las semillas de mijo y cacahuete, y luego verlas crecer deprisa hasta su recolección. Bebían cuando tenían sed, ellos y sus ganados; se aseaban el cuerpo y lavaban sus ropas; nunca les faltaba el agua para cocinar los alimentos y, al paso de las lluvias, la naturaleza estallaba en los árboles y en el suelo, mostrando sus infinitos tonos de verde para el alimento de las aves y del ganado; los lagos y estanques recuperaban con creces las pérdidas producidas en la estación seca, y los campesinos la calma. Y por si fuera poco, la limpieza de la tierra y del aire ayudaba a la salubridad del ambiente y frenaba las infecciones.  
Aquí, sin embargo, ella y su madre, como el resto de las mujeres que habitaban en aquel arenal, debían emprender cada día un largo y caluroso camino, para traer a la choza unos cuantos litros de agua con los que resistir hasta la siguiente jornada.
Muchos días, las más jóvenes hacían el trayecto por segunda vez, aun a riesgo de volver de vacío, unas veces por falta de agua, y otras por falta de acuerdo con el dueño del pozo.
Caminaban sin más compañía que la de los buitres que caracoleaban sobre sus cabezas, bajo un sol cuya fuerza estaba acabando con especies que no fueran las temibles serpientes venenosas o los escorpiones, camuflados en las dunas que anticipaban el desierto.
Oureye no se acostumbraba a aquellos caminos de arena, a aquella paz ardiente y plana; a los días siempre iguales que se encadenaban unos a otros lo mismo que ellas, las mujeres de las aldeas del valle, que una tras otra arrastraban la carga de agua sobre sus espaldas en hileras de fatiga, con el cuerpo inclinado hacia delante, y los ojos y los pasos soterrados en arena.

Consolación González Rico

(De mi novela “Entre la arena y el cielo”, Premio Casino de Lorca)

viernes, 26 de enero de 2018

La calma de las arañas, primeros vuelos



   En ocasiones, cuando dejas que una novela vuele a las manos de los lectores, sientes que te has lanzado con ella en paracaídas y te posee el temor de que éste pudiera no abrirse.

   Confieso que nunca me había ocurrido, pero con mi quinta novela, “La calma de las arañas”, mucho más arriesgada que las anteriores, me preocupaba imaginar cómo movería las alas, lejos ya de mi control.

   Cuando decidí adentrarme en el mundo de las prisiones, cuando me planteé reflexionar desde la ficción acerca de las causas que pueden conducir a la privación de libertad, todo me resultaba lejano, desconocido: entorno, personajes, situaciones... Pronto me daría cuenta de lo mucho que esta historia, tan intrincada como atrayente, iba a aportarme como escritora y como persona.

   Hoy, a poco más de un mes de su presentación en la Biblioteca Santa María de Benquerencia de Toledo, mi satisfacción no puede ser mayor: los comentarios de los lectores, aunque algunos puedan resultarme inmerecidos, son para mí un indicador de que el esfuerzo mereció la pena.

   Gracias por leerme, y por el cariño con el que acogéis mis escritos.
   
        Consolación González Rico


“Me parece una obra maestra. Hace mucho que no leo ni en la narrativa actual (que suelo huir de la más mercantil) ni en muchos clásicos una historia tan dura y tan buena a la vez. Tan original y cuyos personajes, gracias a la facilidad que la autora tiene para crear esos perfiles psicológicos, son tan creíbles, tan convincentes, tan verdaderos que parece que son ellos los que han creado la historia y no la autora.”

Carlos Bustamante

(Fragmento del último comentario publicado en Amazon, 24 de enero de 2018)

Ver opiniones de los lectores (Amazon)

sábado, 6 de enero de 2018

EN SILENCIO…


   Oigo tu llanto
   detrás de los cartones,
   presiento el frío que hiela tu cuerpo,
   sacude mi conciencia el hambre
   que devora tu carne,
   me avergüenza vivir en este mundo
   que cierra los oídos y los brazos
   a tu queja inocente,
   a tus lágrimas,
   a tus noches oscuras y largas,
   a tus días sin risas ni juguetes,
   a tu infancia truncada
   por el dolor y el miedo...

   Y me traspasa el alma 
   esa mirada triste que reclama la mía,
   que me grita socorro en silencio.

        Consolación González Rico


viernes, 29 de diciembre de 2017

MI AÑO LITERARIO





   Termina el año con sabor a letras y a emociones. Después de haber pasado por las bibliotecas  de Almonacid, Cobisa, Magán, Malpica, Pantoja, Urda y Yuncos, sin olvidar mi encuentro con el grupo de lectura de Parque Blanco, ni mi visita al CEPA Teresa Enríquez de Torrijos, diciembre culminó con la presentación de “La calma de las arañas” en la Biblioteca Santa María de Benquerencia de Toledo, un emotivo broche final. 
   Mi agradecimiento a bibliotecarias y bibliotecarios, miembros de clubes de lectura, lectores que me acompañasteis en estos encuentros.
   Agradeceros de forma especial las muestras de cariño que recibí el día 14 de diciembre. Fue una tarde magnífica en la que las palabras de Jesús Gallardo trazaron con acierto y brillantez las claves de la novela, una historia de perdedores, de caminos torcidos.
   En la presentación de mi quinta novela, sentí de cerca la calidez de tantos amigos, de tantas lectoras y lectores que quisieron estar conmigo ese día, cuya presencia me llenó de satisfacción. Confieso que esa tarde, la del 14 de diciembre, dejó una marca en mí que nunca podrá borrarse. 
   
   ¿Cómo no seguir escribiendo? La escritura es en mi día a día un descubrimiento, un aprendizaje gozoso, un viaje hacia lo desconocido; la oportunidad de vivir mil vidas, tantas como personajes puedas crear o encontrar en las páginas de un libro. Una manera vivir los sueños. Una forma de sobredimensionar el tiempo, las emociones y el sentir. Un juego en el que soy libre. Mis personajes hablan por mí, dicen lo que deseo, lo que siento, lo que me gustaría sentir... Es un mundo sin límites de vivencias y emociones.

   Pero quizá, el eje de mi obra narrativa sea, por encima de todo, una reflexión sobre la realidad próxima o lejana, sobre el peso de las circunstancias en nuestras vidas; una denuncia sobre lo que no me gusta del mundo en el que me ha tocado vivir; una formulación de preguntas a mí misma, las que traslado al futuro lector, entreveradas entre las páginas del libro, con la intención de acercarle a esa realidad. 
   Mi objetivo es que piense sobre ella, que encuentre su verdad. El ser humano busca verdades, y en este sentido la literatura, además de divertimento y deleite, es también una introspección interior: la que se produce en el acto libre y voluntario de la lectura.

   Gracias por leerme.

   ¡Feliz 2018!

   
   Consolación González Rico


                                   El peso de los relojes. "La calma de las arañas".        

viernes, 15 de diciembre de 2017

PALABRAS DE MAR MAESTRO




Se llama Mar Maestro, es poeta y sueña en azul; "Mar de sueños azules", como el título de uno de sus poemarios.
Vino de Madrid en el AVE, ayer a las cinco, para acompañarme en la presentación de mi novela "La calma de las arañas". Mientras presentábamos el libro, según me contaron después, no dejaba de tomar notas.  
Acaba de enviarme sus impresiones, y me han llegado tan hondo que quiero guardarlas en mi rincón de las palabras, para que permanezcan junto con las emociones que han provocado en mí. 
¡Gracias, Mar!


LA CALMA DE LAS ARAÑAS

Para quien nada sabe de una novela, asistir a su presentación puede ser un arma de dos filos, dado que en ocasiones se despiertan tantos secretos que se puede perder el interés, o al contrario, ganarlo.
Este encuentro literario, ayer consiguió reunir en torno a su escritora a un centenar de amigos y compañeros, seguidores y familia, envolviendo a CONSOLACIÓN GONZÁLEZ RICO en una presentación que consiguió despertar gratamente el interés sobre los personajes y la trama de la novela.

La presentación fue dirigida en un principio por el periodista Jesús Gallardo, que nos condujo por los interiores de la obra destacando los puntos más relevantes, los motivos de la autora para escoger este tema, tan distinto a sus anteriores trabajos literarios. Así nos adentra en el mundo hostil de la cárcel y las interacciones de los tres personajes centrales con la psicóloga del centro penitenciario, en una cita que los reúne cada jueves. Completamente diferentes entre sí, aparentemente no tienen nada en común, y sin embargo, en cuanto avanza la trama, se descubre un denominador común: las relaciones de poder y la necesidad de afecto.

La novela, que tiene también escenarios en Chile, por lo que aparecen en ella el lenguaje y el argot propios del país, es un viaje por la vida, donde Consolación nos conduce por un mundo de supervivencias, de luchas contra los prejuicios de una sociedad que ha dejado marcas en la forma de ser y de sentir de cada uno; huellas que provocan las emociones que esconden en lo más adentro, logrando meterse en la mente y cuerpo de sus personajes con mimetismo absoluto, intentando despertar las conciencias y rechazar ante el mundo las cosas que no le gustan.

En definitiva, una presentación absoluta, brillante en su  exposición, medida y preparada, sobradamente disfrutada, tanto por Jesús como por Consolación, que presentan una novela con dureza y realidad, pero también llena de ternura y de gestos emotivos, expresados con naturalidad y con pasión, buceando en lo más profundo de la mente  de cada personaje, con un mimetismo extraordinario que nos traslada a ese lugar en el que los relojes pesan, todo tarda en llegar… y el tiempo crece para no hacer nada…


MAR MAESTRO 

EN LA PRESENTACIÓN,  DE 
"LA CALMA DE LAS ARAÑAS"
DE CONSOLACION GONZALEZ RICO



lunes, 16 de octubre de 2017

MI QUINTA NOVELA








Hay temas que te llaman, personajes que vienen de fuera para buscarte, que te sacan de tu confort, de tu piel y de tus zapatos para caminar por senderos inexplorados y remotos.
Es entonces cuando tu cabeza y tu corazón tratan de pensar y de sentir desde otras realidades ajenas a ti. Así fue como surgió "La calma de las arañas". 

He de confesar que en esta novela me alejé bastante del camino seguro, me aventuré a explorar geografías vitales descarnadas, espinosas. Sin embargo, mi deseo de entender y explicar esas realidades lejanas fue más fuerte que el temor a quedarme en el camino.

Quienes conocéis mi obra, sabéis que en ella reflexiono sobre la sociedad de nuestro tiempo, me planteo preguntas, busco respuestas, denuncio lo que no me gusta, trato de dar vida a las huellas de mi memoria; me sumerjo en la mente y en las emociones de los personajes, intentando hallar la esencia del ser humano. Pero tampoco olvido las circunstancias que trazan la trayectoria vital de cada uno.

En “La calma de las arañas” están presentes también los mismos ejes constantes de mi narrativa, pero con la dificultad añadida de que esta vez el escenario es la cárcel, y los personajes, tres hombres que llegan a ella por senderos diferentes. Tres perdedores que llevan a sus espaldas las marcas de la genética, del abandono y el maltrato infantil, de la homofobia o la pobreza.
Tres vidas que se tuercen, tres voces que se cuentan con lenguaje crudo. A veces provocador.
Tres historias que se hacen presentes cada noche en la oscuridad de la celda; que reviven con dolor en medio de la soledad.



Consolación González Rico