sábado, 30 de agosto de 2014

A UN CORAZÓN CANSADO


Primero fue el silencio,
las preguntas al aire
negro y frío
de cielos sin estrellas;
las lágrimas secretas,
vertidas de la noria
de tus ojos,
que arrastraban pesares
por tu rostro de sombras.

Luego, la primavera
seguiría vistiendo
de verde las miradas,
de lluvia deseada
las tierras forasteras,
de margaritas blancas
las praderas lejanas...

Pero tú no escuchabas
la música del viento,
no podías sentir
la caricia del agua
saltando en el arroyo
entre las suaves piedras.
Ni el sabor a claveles,
después de haber perdido
sus labios de canela.

Tu corazón, cansado
por años de intemperie,
resistió en los veranos
sequías y tormentas,
vendavales de otoño,
huracanes de invierno,
temporales de nieve
que fueron sepultando,
entre los sueños rotos,
sin piedad, lentamente,
tus deseos más vivos,
tus esperanzas muertas.


Consolación González Rico

lunes, 25 de agosto de 2014

DE PASIONES Y CADENAS


Ayuntamiento de Burguillos, día 22 de agosto de 2014.
Presentación de la novela "Esclavos de un motivo",
clasificada entre las diez finalistas del L Premio Planeta

Eran las siete de la tarde. La Semana Cultural programada por el Ayuntamiento de Burguillos de Toledo se iniciaba con la presentación de mi última novela, Esclavos de un motivo, publicada por Autores Premiados; una historia de pasiones que aborda la inconsistente libertad de los actos humanos.
Las palabras brotaban con la misma naturalidad que hubieran surgido en cualquier reunión de amigos: los motivos que nos empujan a obrar, las causas internas y externas que condicionan nuestros actos, las pasiones humanas, capaces de convulsionar tantas veces nuestras vidas, hasta el punto de arrancar las voluntades como si fueran hojas.
De este modo, entre el calor de la tarde agosteña, fuimos descubriendo los entresijos de la historia de Andrea Morales, a quien una pasión inconveniente la encarceló en el pasado, y la hipocresía de una norma secuestró sus latidos de mujer. Las duras circunstancias que marcaron su vida, obligarían a esta doctora especialista en anestesiología a adormecer sus propios sentimientos, tal como hiciera en su tarea de anestesista con el cuerpo de sus pacientes.
Después, fuimos aproximándonos a cada uno de los personajes, a sus motivaciones más ocultas; las mismas que hacían girar la rueda de su existencia en la búsqueda muchas veces inútil de la felicidad.


Por último, llegó la pregunta final. La que daría pie a un coloquio rico y participativo:
¿Realmente somos libres? Y si aceptamos que nuestra libertad está condicionada, ¿cuáles son las cadenas que coartan nuestros actos?
De gran peso sin duda en el obrar humano, y así fue admitido y compartido por la mayoría de los asistentes, serían las circunstancias recogidas en uno de los párrafos de la novela, que bien pudiera encerrar el resumen de la tesis planteada en la misma: El lugar donde nacemos, la familia, los estereotipos culturales o religiosos que se nos transmiten, las personas que nos vamos encontrando en nuestro caminar, los sentimientos que éstas llegan a despertar en nosotros, no son otra cosa que eslabones de una misma cadena que nos hace prisioneros de la vida, apretando más y más el cerco en derredor nuestro.
Una tarde para guardarla en la memoria.
Y como no hay dos sin tres, parafraseando a Jónatan Fernández, Concejal de Cultura que promovió esta actividad literaria, cierro mi reseña manifestando una intención y un deseo: yo también “sueño con el retorno”.  

Consolación González Rico



martes, 29 de julio de 2014

DETRÁS DEL SILENCIO


Torrecilla de la Jara. Camino que bordea el río Castaño.
-Julio de 2014-


Junto a la tapia blanca
que cobija el silencio,
camino polvoriento
de cardos abrasados,
siento bajo mis pasos
pisadas de otros días,
huellas lejanas
sobre la tierra ardiente
de aquéllos que descansan
detrás del muro incierto.

Sus carreras gozosas
en la edad más temprana,
cuando el amor urgía
los felices encuentros
en primaveras verdes
de trigales y besos.

Su regreso cansado
del trabajo en el campo,
helados por el frío
los huesos y el aliento;
pies y manos de escarcha
entre hileras de olivos,
recogiendo los frutos
de las ramas y el suelo.

Y el sudor en su piel,
hábito salvador
en veranos de fuego,
amanojando espigas,
entre mares dorados
por soles justicieros.

Y la marcha extenuada
de mujeres tenaces,
que portaban calladas
el peso de sus cestos,
tras horas, de rodillas,
al borde del arroyo,
vuelos de ropa y manos
del agua al lavadero.

Antes de abandonarte,
camino polvoriento,
vuelvo mis ojos
hacia la tapia blanca,
que cobija el descanso
de quienes ya se fueron…
Detrás de aquellos límites,
todo es paz y silencio.

Consolación González Rico


miércoles, 11 de junio de 2014

HOY SALDRÁS A LA VIDA


Miras crecer la luna
entre brillos azules
que detienen tu sueño.
Caen sobre tu cuerpo
las hojas muertas
en los otoños de la tarde,
flores marchitas
de calendarios viejos,
que brotaron con miedo
en mañanas de luz.

Una lluvia de fuego
te arrasa las mejillas,
y en tu pulso palpita
ese adiós nunca dicho
que gritan sus silencios
en la sed de tu piel.

Se te gastan los dedos
de dar cuerda a un reloj
que no marca sus horas
al lado de las tuyas.

Ha llegado la hora
de descorrer cortinas,
para que el aire irrumpa
por las ventanas ciegas
de tu casa de sombras.

Dejarás de buscar
entre antiguos volcanes
hundidos en la nieve.
Dejarás de esperar
en andenes oscuros
de estaciones vacías,
sin trenes ni viajeros.

Ha llegado la hora
de aligerar el peso
que soportan tus días,
desnudos de ilusiones.
Hoy borrarás su nombre
de tus venas cansadas…
Hoy saldrás a la vida.
¡Volverás a nacer!


Consolación González Rico

miércoles, 7 de mayo de 2014

SOMBRAS


Un silencio azulado
envuelve tus orillas,
golpea sin piedad
la roca de tu cuerpo,
derriba las torres
que en los días de luz
levantó la esperanza;
te ahoga con sus brazos
de sombra
y te deja sin alas,
cual gaviota herida.

Y escuchas en el aire
una canción de mar
que naufraga en tus venas,
con la cadencia vieja
de los días perdidos.

Y te dice que es tarde
para seguir soñando
playas de arenas blancas,
corales irisados
con que adornar tu pecho;
islas de flores y arcoíris
donde, en noches de miel,
las estrellas alumbren como soles,
y no mengüe la luna
ni se gasten los besos.



Consolación González Rico

jueves, 24 de abril de 2014

JARDINES DE NOSTALGIA


Torrecilla de la Jara, primavera de 2014

Al contemplar el campo
y sus colores,
que gritan primaveras
en silencio,
siento en mi piel la huella
de otros días,
añorados y hundidos 
en los surcos del tiempo.

Y el eco solitario
de mis pasos
evoca sensaciones
que se fueron:
la mano firme y tierna
de mi padre,
el croar verdinoso
en la acequia del huerto,
las golondrinas libres,
elegantes y raudas,
dibujando espirales
con tiralíneas negros;
sin posarse en la tierra,
casi rozando los confines
del cielo.

Las tardes persiguiendo mariposas,
diminutas palomas
de caprichoso vuelo,
entre los mil colores
de una alfombra
urdida de hilos verdes
y de pétalos.

El reclamo
de las rojas amapolas,
bellas y efímeras,
prisioneras fugaces
de mis dedos.
Y el desencanto
al presentir su muerte, 
mientras acariciaba
su negro corazón
de filamentos.

Primaveras de infancia,
¡jardines del recuerdo!

                      Consolación González Rico

lunes, 14 de abril de 2014

REPÚBLICA Y COEDUCACIÓN


       “La maestra se colocó en una esquina del encerado. En el centro, había escrito en mayúsculas una palabra cuyos trazos blancos destacaban sobre el rectángulo negro que se pegaba a la pared, y con el puntero rodeó la palabra varias veces antes de pronunciarla: COEDUCACIÓN.
Después de repetirla despacio, deletreando cada sílaba, los invitó a que la corearan con ella, y el aula se llenó con los ecos de una voz cuyo significado desconocían.
—¿Alguno de vosotros sabe lo que quiere decir la palabra coeducación?
Unos se encogieron de hombros, otros negaron con la cabeza, y hubo quien respondió con un no displicente o curioso, que entre la cuarentena de discípulos que llenaban el aula, podían encontrarse actitudes de lo más dispares. La más chocante fue la de Manuela, la compañera de pupitre de Ricardo. Un redrojo que no le llegaría a la barbilla, flaca y pizpireta. Desde que los sentaran en el mismo pupitre, ella no había parado de mirarle. Cual si en su cara tuviera escrito el muchacho cuanto en la escuela pudiera en ese día aprender. Y lo hacía con desparpajo, como si el hecho inusual de compartir el mismo banco fuera lo más natural del mundo.
Ni corta ni perezosa, alzó la mano y habló:
—¿Puedo decir una cosa, señorita Aurora?—le espetó Manuela a la maestra adelantándose a la explicación.
—Claro que puedes. Adelante—respondió ésta encaminándose hacia el pupitre, mientras Ricardo volvía a sentir por segunda vez un arrebato de calor en las orejas.
—¿Nos vamos a quedar siempre en esta escuela? Es que a mí me gusta más que estemos así... todos juntos—dijo la niña poniéndose en pie.
Si las miradas hubiesen tenido el don de derretir cuerpos y borrar palabras, muchos de los recientes compañeros de Manuela habrían hecho desaparecer a la chiquilla y al eco de su voz de pito, que por unos instantes, los mismos que se tomó la maestra para responder, siguió sobrevolando sobre sus cabezas.
—Así me gusta —dijo doña Aurora, al tiempo que le atusaba la raya y el nacimiento del flequillo, rubio como la paja—. ¿Cómo te llamas?
—Manuela González Molina, para servir a Dios y a usted.
—Puedes sentarte —añadió la maestra.
Y enseguida, tomando como punto de partida la pregunta de la niña, comenzó a explicarles lo que había detrás de aquella palabra tan rara que les llamaba la atención desde el encerado, y con la que ninguno se había topado antes; ni escrita en el catón, ni en boca de los maestros, ni en su casa ni en la calle.
—Sabéis que desde hace unos meses han cambiado muchas cosas en España. El rey ya no está, y tenemos un presidente de gobierno… don Manuel Azaña—instintivamente todas las miradas gatearon por la pared del aula hasta el retrato del hombre con gafas redondas que ahora ocupaba el lugar del rey—. Sí, ahí lo tenéis—dijo señalando el retrato—. Desde el 14 de abril, más de medio año ya, España es una República y Azaña su presidente. Todos tenemos la misma ley y los mismos derechos. Todas las personas somos iguales, sin diferencias entre ricos y pobres, hombres o mujeres, niños o niñas. Y por eso, porque sois iguales, desde hoy vais a aprender juntos. Vais a jugar juntos. Os vais a educar juntos.
Unos la escuchaban con atención, otros bostezaban, alguno se rebullía en el banco de madera, y todos eran demasiado pequeños para comprender lo que la señorita Aurora se esforzaba en explicar”.

 (Fragmento de mi novela en construcción “El sueño del retorno”, secuela de “Una mujer de la Oretana”).



                                                          Consolación González Rico

jueves, 27 de marzo de 2014

LA OTRA MUERTE


Mueres cuando detienes
tus pasos
y encarcelas palabras,
cuando doblegas
la rodilla a la vida,
cuando dejas que los sueños 
se escapen
del cuenco de tus manos,
como se escapa el agua.
Cuando el miedo
paraliza tus brazos
y ahoga las caricias
tanto tiempo guardadas.

Mueres cuando el silencio
y la fatiga
te vacían por dentro,
y el hueco de la ausencia
te llena las entrañas.
Cuando las huellas
de quien tanto amaste
se borran de tu piel
con la lluvia heladora
de la desesperanza.

Mueres cuando el dolor
se hace costumbre,
y de tanto dolerte
ya no duele.
Cuando la soledad
arranca de tu carne
esa espina dorada
que te sangraba dentro,
y ya no sientes nada…

Y una noche cualquiera,
hasta tu almohada blanca,
una lágrima fría,
la última tal vez,
se vierte por tu cara.


Consolación González Rico