lunes, 16 de octubre de 2017

MI QUINTA NOVELA








Hay temas que te llaman, personajes que vienen de fuera para buscarte, que te sacan de tu confort, de tu piel y de tus zapatos para caminar por senderos inexplorados y remotos.
Es entonces cuando tu cabeza y tu corazón tratan de pensar y de sentir desde otras realidades ajenas a ti. Así fue como surgió "La calma de las arañas". 

He de confesar que en esta novela me alejé bastante del camino seguro, me aventuré a explorar geografías vitales descarnadas, espinosas. Sin embargo, mi deseo de entender y explicar esas realidades lejanas fue más fuerte que el temor a quedarme en el camino.

Quienes conocéis mi obra, sabéis que en ella reflexiono sobre la sociedad de nuestro tiempo, me planteo preguntas, busco respuestas, denuncio lo que no me gusta, trato de dar vida a las huellas de mi memoria; me sumerjo en la mente y en las emociones de los personajes, intentando hallar la esencia del ser humano. Pero tampoco olvido las circunstancias que trazan la trayectoria vital de cada uno.

En “La calma de las arañas” están presentes también los mismos ejes constantes de mi narrativa, pero con la dificultad añadida de que esta vez el escenario es la cárcel, y los personajes, tres hombres que llegan a ella por senderos diferentes. Tres perdedores que llevan a sus espaldas las marcas de la genética, del abandono y el maltrato infantil, de la homofobia o la pobreza.
Tres vidas que se tuercen, tres voces que se cuentan con lenguaje crudo. A veces provocador.
Tres historias que se hacen presentes cada noche en la oscuridad de la celda; que reviven con dolor en medio de la soledad.



Consolación González Rico






sábado, 27 de mayo de 2017

HABLANDO DE LIBROS



  Eran las once de la mañana cuando entraba en el Centro de Educación de Personas Adultas Teresa Enríquez de Torrijos. Tengo que reconocer que al subir las escaleras me desconcertó la algarada de risas y voces, protagonizadas por quienes en ese momento celebraban una gimkhana.
  ¿Serían los mismos que iban a participar en la actividad a la que me habían invitado? El contraste iba a ser fuerte. Al menos eso me temía. Yo estaba allí para hablar de libros. Además, no se trataba de uno de mis encuentros habituales (una Biblioteca con un grupo de lectura que había leído previamente una de mis obras), sino de una charla-coloquio sobre El proceso de creación literaria, el mío propio a la hora de construir una novela.
  Me parecía increíble que un alumnado tan plural, sin mediar un breve espacio temporal entre la actividad lúdica y la literaria, pudiera acomodarse en las filas de sillas allí dispuestas para escuchar por qué escribo, cómo fabrico mis historias, cómo elijo los temas, los lugares, los personajes, la trama, la manera de contarlo, el lenguaje. Me sorprendió que se quedaran casi todos.
  Y en la medida en que iba ahondando en la temática objeto de mi charla, me fui dando cuenta de que la respuesta no podía ser mejor. Después, al final de mi exposición, pude disfrutar de su participación activa en un coloquio denso y rico.
  Mi agradecimiento al CEPA Teresa Enríquez por su invitación, por tan cariñosa acogida, por haberme ofrecido la oportunidad de compartir con el profesorado, alumnado y personal del centro, dos horas inolvidables de emociones y letras.
Consolación González Rico






viernes, 24 de marzo de 2017

Vestir mi piel de un verde nuevo…


Alguna vez, muy pronto (no sé cuándo),
encontraré un refugio entre los árboles,
me olvidaré de las preocupaciones,
de los problemas que destruyen los sueños.
Escucharé mi voz, la que habita en lo hondo,
amordazada ahora por los ruidos externos:
rutina, compromisos, obligaciones
elegidas o impuestas
que amontonan renuncias,
que se beben la risa,
que castran los deseos,
que encarcelan latidos,
que devoran la vida…

Y a la luz de la luna
limpiaré el corazón de sueños muertos.
Una cabaña, un retiro entre árboles,
luz y aire, respirar la humedad de las hojas,
vestir mi piel de un verde nuevo.

Consolación González Rico


lunes, 6 de febrero de 2017

COMO EL MAR, VAS Y VIENES...



Como el mar, vas y vienes a mi playa,
te llevas las arenas de mis sueños,
olas gigantes, rumores pequeños,
es mar tu amor que nunca se remansa.

Con susurros alientas mi esperanza,
destruyes mi ilusión con tus silencios,
te alejas cuando soplan otros vientos,
no sé cuándo te tengo y cuándo marchas.

No es nuevo tu vaivén en mis orillas
ni el miedo al oleaje que me lleva,
ni este naufragio de mi barca herida.

Quizá el tiempo restaure mis maderas
y a otros mares me conduzcan los días:
tranquilos, transparentes, sin tormentas.


Consolación González Rico

viernes, 6 de enero de 2017

SIN JUGUETES NI RISAS


No hay magia en las ventanas de su casa,
el estruendo se llevó los cimientos,
las manos de su madre, sus caricias,
el abrigo y el pan, los juguetes,
la risa, los muros de la escuela,
las ropas que cubrían su cuerpo.
Y le dejó un desgarro en la mirada,
una tristeza fría, un mutismo de hielo,
quemaduras que curarán por fuera,
heridas que anidarán por dentro…
Y un camino que nunca se termina,
suelos de barro, alambradas, hambre,
lonas que guardan la orfandad y el miedo.

Exclusión de una infancia sin raíces,
que ha aprendido a llorar en silencio…

Consolación González Rico



domingo, 18 de diciembre de 2016

Si encarcelas tu risa...

Si aceptas los barrotes
que mudan libertad por acomodo,
si dejas que se instalen en tu casa
las certezas de la monotonía,
si niegas las alas que la vida te ofrece
y renuncias a los cielos azules
por la rutina de lo cotidiano.

Si encarcelas tu risa, tus palabras,
tu piel, tu pensamiento, tu ser y tu sentir,
no te extrañes si un día,
al mirarte al espejo,
el cristal te devuelve
unos rasgos distantes,
una mirada ausente,
apagada y ajena,
sin brillos que recuerden
aquellos ojos que lo esperaban todo,
ardientes, vivos, tuyos,
en los que alguna vez
relumbraron los sueños.

Consolación González Rico


sábado, 10 de diciembre de 2016

NUBE DE LIBERTAD


Bebernos las miradas,
atravesarnos las yemas de los dedos
desde las huellas dactilares hasta el alma.
Derretir nuestras voces en los labios,
calcinar la maleta de los besos.
Reír juntos, como dos esquimales,
en el iglú que abriga el largo invierno.
Arroparnos con pieles
hasta fundir el hielo pegado al corazón.
Volar juntos en la burbuja del reencuentro:
aurora boreal, regalo de la vida,
nube de libertad, sin cadenas ni tiempo.

Consolación González Rico

viernes, 25 de noviembre de 2016

25-N: QUIERO VERTE SONREÍR.


     Esta noche te han despertado otra vez las voces. Sientes frío. Y miedo. Aprietas fuerte a tu oso de peluche y le preguntas si él también está asustado. Te responde que sí, que lo metas contigo debajo de las mantas y le tapes bien las orejas, que a él también le asustan los gritos. 

A tus seis años, no eres capaz de entender por qué tu papá le grita a tu mamá de esa manera. Tú la quieres mucho. Cuando te abraza y te llena de besos, su cuerpo y sus labios son tan suaves como el oso que ahora cobijas. Y su voz es capaz de calmarte al compás de esa canción que siempre te canta al oído cuando estás triste: "Chiquitita, no hay que llorar, las estrellas brillan por ti allá en lo alto, quiero verte sonreír...” ¿Quién te ha enseñado esa canción, mamá?, le preguntaste un día, y ella te respondió que se la cantaba la abuela cuando no se podía dormir.
Y aunque ahora estás triste, tan triste como siempre que sientes las voces, aunque tienes ganas de llorar, sabes que todavía no ha sonado el portazo grande en la puerta, y que por eso tu mamá no puede venir a cantarte al oído esa canción que ya es de las dos, y que cuando te la canta, te moja la frente, los ojos, el pelo y la nariz con sus lágrimas. Pero a ti no te importa; es tan bonita, que te gusta dormirte con la voz de tu madre en el oído. 

Algunas veces, cuando entras en la cocina y ves que tu mamá tiene los ojos tristes, y le corren lágrimas por la cara, te acercas y le cantas la canción. Ella se ríe, tú te ríes y termináis cantando las dos. Qué bien mamá, esta canción es mágica, ¿a que sí? Ella te abraza y, sin soltarte, te deja en la cara tantos besos seguidos que te pierdes y no puedes contarlos todos. Y a ti te gusta contar los besos, que yo lo sé.

El golpe de la puerta al cerrarse es tan fuerte, que tu pequeño cuerpo tiembla de miedo. No pasa nada, le dices a tu oso, lo mismo que tu madre te dice a ti después de cada portazo, cuando acude corriendo a tu cama para besarte. 
Tu oso y tú volvéis a emerger de las mantas. Pronto escucharás los pasos de tu madre, su mano empujando la puerta de tu cuarto, su voz cantándote al oído...
¿Por qué no viene?, te preguntas sin comprender.
¡Mamá!  ¡Mamá! Saltas de la cama y corres descalza sin dejar de llamarla. Está sentada en la alfombra, y al verte se incorpora despacio y se pasa la mano por el pelo. Tiene una mancha roja en el labio que trata de ocultarte con su mano mientras te habla.
 —Ven. Dame un beso y coge tu mochila y tu oso. Mañana, y todos los días, la abuela, tú y yo cantaremos juntas nuestra canción.


Consolación González Rico