jueves, 4 de junio de 2015

EL ESPEJO




            Te has mirado al espejo
            de los días oscuros
            y has visto campos yermos
            sin pájaros ni flores,
            ríos de barro
            arrasando riberas,
            cuchillos afilados
            que cortaban voraces
            el curso de los sueños.

            Cierras los ojos
            huyendo de tu imagen,
            y dos lágrimas frías
            vienen a recordarte
            que aunque la luz estalle,
            las golondrinas sigan
            dibujando espirales
            en el azul del cielo,
            y en tu jardín las rosas
            ofrezcan su dulzor
            a las abejas,
            ¡otra vez es invierno!


            Consolación González Rico

jueves, 7 de mayo de 2015

RENACER




          Cerrar el círculo,
          renacer al final,
          limpiar las hojas muertas
          del árbol de la vida,
          abrir bien las ventanas
          para que vuelen alto
          las palomas cautivas.
          Arrancar para siempre
          las hojas malgastadas
          de tantos calendarios
          sin días ni esperanza.

          Cambiar inviernos blancos
          por verdes primaveras,
          pozos oscuros
          por mares luminosos
          de azules infinitos;
          cárceles de añoranzas
          por barcos sin anclajes;
          arenas de silencio
          por sinfonías deseadas
          de notas clandestinas
          que te ericen la piel.

          Cerrar el círculo,
          reanudar el camino,
          y al final… ¡renacer! 

          Consolación González Rico

sábado, 11 de abril de 2015

ESTA NOCHE


                Si esta noche no buscas
                el calor de mi boca,
                perderán las palabras
                el brillo deslumbrante
                que encendió nuestra piel,
                y el fuego que prendieron,
                se apagará de súbito
                entre escarchas y nieve.
                Pavesas de ceniza,
                vestirán nuestros cuerpos,
                hábitos de negrura,
                que ocultarán por siempre
                los antiguos volcanes.

                Si esta noche no busco
                el nudo de tus brazos,
                morirán ilusiones
                en la sala de espera
                de los huecos del alma.
                Se secarán los sueños
                sembrados en macetas,
                heridos por la sed.
                Se borrarán las huellas
                de tu abrazo fulgente, 
                yedra de mi cintura.

                Si no nos encontramos,
                nosotros, esta noche,
                se extinguirán los días 
                de besos y de rosas,
                crecerán los inviernos
                en estepas heladas, 
                y en las praderas yermas,
                ya no habrá primaveras.

                © Consolación González Rico

miércoles, 8 de abril de 2015

GOLONDRINA EN MÚNICH


Tu avión aterrizó a las cuatro de la tarde en el aeropuerto de Múnich. Gracias al curso intensivo de alemán, y a las horas de Internet delante de Google Maps, te las has arreglado, no sin apuros, para llegar al número 72 de Aidenbachstraße.
Te duele la espalda de arrastrar el equipaje, y el más leve sonido estalla en tu cabeza: el timbre exterior, la voz que te invita a subir, el roce de tus pasos en el portal, el ruido del ascensor.
Te presentas con tu mejor dicción a la mujer de mediana edad que te abre la puerta: Hallo, ich heiße Irene. Ella sonríe, te aprieta la mano y te dice que se llama Constanze. Habla deprisa, nada que ver con Corina, la chica con la que quedabas el pasado verano en la cafetería de la Biblioteca del Alcázar para practicar el idioma.

Después de la salchicha con tomate y el bote de cerveza que te ha puesto para cenar, te refugias en tu cuarto. No puedes dormir. En tu cabeza bailan cadenas de palabras de sonidos guturales; reclamos publicitarios, avenidas interminables, autobuses, prisas de gente que, en contra de lo que a ti te sucede,  sí sabe cuál es su destino.

¿Qué importa el sueño esta noche? Estás en Alemania. A punto de estrenar un trabajo para el que te has preparado. Lo has conseguido. Como casi todo lo que te propones; eso dice tu padre. El primer desafío fue el piano. Diez años compatibilizando la música con las tareas de la escuela y del instituto. No lo decidiste tú, pero lo asumiste con igual responsabilidad y disciplina. Echas de menos el piano esta noche, no vayas a negarlo. Tus dedos se deslizarían con gusto por el Claro de Luna de Beethoven. Eras buena con el piano, por eso fue una sorpresa para todos cuando decidiste matricularte en Ingeniería Química. A tus dieciocho años, te uniste a ese tercio de chicas valientes que, desafiando estadísticas y consejos sesgados, irrumpen con ilusión y convicción en las aulas de las carreras de ciencias. Y a los veintidós, con un título flamante obtenido con brillantez, al que añadiste un máster en Industria Farmacéutica, comenzó tu periplo: cartas, currículos, entrevistas, veranos en Inglaterra, trabajos puntuales como azafata de congresos en el Beatriz, buzoneo, ventas a domicilio, camarera los fines de semana, cuidadora de niños, con apoyo escolar y doméstico incluidos…

Fue una suerte que tu amiga Patricia te hablase de aquella página de Internet. Entraste sin dudarlo. Te entrevistaron por webcam. Te pidieron tu curriculum traducido. Hasta una presentación personal, también en alemán, que recogiese lo que a tu juicio podías ofrecer a la empresa.
Tienes que dormir. Mañana será tu primer día. Sientes temor, respeto, orgullo, ilusión. Piensas que el vuelo hasta aquí ha sido largo; como el que hacen las golondrinas cuando emigran. Ellas buscan mejorar su hábitat; tú también. No emigran para quedarse; tú tampoco.
Y antes del que el sueño te venza, sonríes en la oscuridad y te dejas acariciar por la idea salvadora del retorno.

            Consolación González Rico

miércoles, 18 de febrero de 2015

TEMPRANO MADRUGÓ LA MADRUGADA...


Presentación del Club de lectura de Sonseca
(Asociación de Amigos de Antonio Cerrillo)

Te fuiste un día de enero. La nieve había tapizado las calles de blanco, como si quisiera vestir tu partida. Hasta el agua de la fuente dejó de correr, y se convirtió en cristal paralizado y mudo. Y ese día, que de tan blanco hería la retina, tras desafiar el hielo que cubría calles y aceras, logré llegar hasta la iglesia para darte mi adiós.

¿Recuerdas, Antonio? Fuimos compañeros de trabajo, en aquel tiempo en que la fe en el cambio nos encendía la ilusión. Años de brega y de esperanza, en los que creíamos que los modelos educativos habían de adaptarse a los tiempos y a las personas, desarrollarse, democratizarse, llegar a todos, para propiciar desde la educación una verdadera transformación de la sociedad.

Nunca olvidaré el día de mi llegada al equipo que formaríamos en la Unidad de Programas Educativos. Lo primero que me sorprendió fue esa mirada tuya que rebosaba ilusión y fe. Tus ojos, redondos y vivaces, parecían traspasar el teléfono, como si quisiesen mirar a distancia a tu interlocutor, transmitirle la fe que tú sentías. Y siempre terminabas prometiendo que harías lo posible, aunque la llave del grifo no estaba en tu mano, como solías decir tantas veces, para que los chicos y las chicas pudiesen disfrutar de unas instalaciones deportivas dignas donde desarrollar su cuerpo y su mente.

        Trabajador, honesto, convencido de tu tarea, comprometido con un proyecto social en el que creías, y al que entregaste tus esfuerzos y tu vida. Un hombre, en fin, parafraseando a Machado, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Hoy, Antonio, amigo y compañero, quiero decirte que es una satisfacción y un placer para mí participar en esta actividad literaria. Un honor dar la salida a este Club de lectura de Sonseca, promovido por la asociación que lleva tu nombre, “Amigos de Antonio Cerrillo”, a la cual me uno, y con la cual comparto objetivos y horizonte: la intención de nuclear, en torno a tu memoria, un proyecto de desarrollo cultural que, estoy segura, miras con orgullo y aplaudes, desde ese lugar al que marchaste, compañero del alma, tan temprano, y en el que las tinieblas de aquí abajo ya no pueden alcanzarte.

Consolación González Rico

sábado, 6 de diciembre de 2014

CONVERTIRME EN ESPEJO

            
               

                                       
            Igual que el agua mansa
            refleja los perfiles
            del paisaje,
            quiero que tu mirada
            se remanse en la mía.
            Que nuestros corazones,
            como el río y el cielo,
            hallen la simetría
            del latido.

          

            Sumergirme contigo,
            como el cielo en el agua,
            por este curso incierto
            del tiempo que nos lleva…

            Dejar que cada instante
            te acerque a mis orillas,
            ser tu mar y tu puerto,
            navegar en tus sueños,
            convertirme en espejo,
            apacible y sereno,
            de soles y de nubes…

            Devolver tus sonrisas
            y diluir tus penas.


           © Consolación González Rico

lunes, 27 de octubre de 2014

DUEÑOS Y ESCLAVOS


Cuando escribí “Una mujer de la Oretana”, nunca pensé que se me ocurriría componer una trilogía con los ascendientes y descendientes de Crisanta, protagonista de la novela, pero un buen día, decidí que la historia merecía un antes y un después.
La ejecución de la precuela (más de doscientas páginas), apenas si me llevó medio año. El último capítulo escrito de la secuela (trece folios), ha absorbido casi mes y medio de mi tiempo.

Ya estaba escrito que el hijo de Crisanta se exiliaría a Francia con su familia en 1941, y que lo harían por las “vascongadas”, para más señas. Lo que no pensé entonces, por carecer de interés para un hilo narrativo que terminaba ahí, era que en un futuro, presente ahora, mis personajes iban a darse de bruces con la ocupación alemana. Este hecho no es banal, y me ha obligado a estudiar geografía e historia a partes iguales: la que no me enseñaron en la escuela ni en el instituto, y la que yo tampoco me ocupé en aprender.
¿Por dónde conduciría hasta Hendaya a mi familia de exiliados? ¿De quiénes me valdría para dejarlos en la costa francesa ocupada por los nazis? ¿Quién o quiénes los ayudarían a burlar la vigilancia, para pasarse a la Francia de Vichy antes de caer en manos alemanas?

Confieso que dar respuesta con cierta solvencia a las tres preguntas anteriores, me ha robado la calma, me ha mantenido largas horas buceando entre documentos, físicos e informáticos, hasta casi faltarme el oxígeno, y sobre todo, me ha hecho entender la sabia sentencia que solía repetir mi madre con la intención de educarnos para la vida: De la palabra que callas, eres el dueño, de la que dices, el esclavo. 
    También de la que escribes. 

Consolación González Rico

viernes, 24 de octubre de 2014

DÍA DE LAS BIBLIOTECAS: LOS CLUBES DE LECTURA

 
Club de Lectura de la Biblioteca Municipal de Olías del Rey -22 de octubre de 2014-


  Mi pueblo no tenía biblioteca. Tan solo en la escuela, un pequeño armario de madera carcomida, con vitrinas de cristal, guardaba algunos libros amarillentos; entre ellos los cuentos de Grimm que desbocaban mi imaginación.
  Hoy, por fortuna, en cada localidad, en cada barrio, los libros esperan en nutridas estanterías una mano salvadora que propicie el viaje mágico de la lectura; ese recorrido iniciático de mente a mente, de corazón a corazón.

   Lo que no podía imaginar entonces, era que en 2014, en las actividades programadas alrededor del Día de las Bibliotecas, una obra narrativa mía, mi primera novela escrita, aunque cuarta en orden de publicación, iba a ser objeto de discusión y debate en un pequeño salón de actos de una biblioteca municipal: la de Olías del Rey.


Fotografía final, aunque no estaban "todos los que eran".  
  En mis ya numerosas visitas a las bibliotecas públicas, he podido comprobar la importancia de los clubes de lectura. Como focos de cultura generados en torno a un libro, estas reuniones literarias fomentan el pensamiento reflexivo y crítico, favorecen el intercambio de ideas y opiniones, abren la mente al conocimiento. Por otro lado, y en una dimensión más íntima, desarrollan el gusto por la palabra escrita, la sensibilidad, la imaginación, y a través de ella la capacidad para vivir mil vidas.

   Por eso hoy, 24 de octubre, deseo celebrar esta fecha rememorando mi último encuentro con los lectores y lectoras de Olías del Rey. Quiero destacar su participación activa y su entusiasmo; valorar el análisis, completo y minucioso, que realizaron sobre los movimientos conductuales de los personajes de Esclavos de un motivo, la novela que nos reunió el pasado miércoles a las cuatro de la tarde, cuando un sol inusual de otoño atravesaba las cristaleras del salón de actos.
   Fue grato y estimulante comprobar, una vez más, que cada encuentro enriquece; que cada lector siente contigo, revive contigo la historia que has creado, interpreta y recrea el libro que has escrito.

   Mis felicitaciones a cuantos propician, coordinan y forman parte activa de tan fructífera actividad.  

      Consolación González Rico